La queja llega siempre con las mismas palabras: «me contesta lo que quiere».
Y luego, cuando pido ver el prompt, casi siempre es una línea. «Escríbeme un correo para cobrarle a un cliente que no ha pagado.» «Hazme un resumen de esta junta.» «Dame ideas para un post.»
El resultado que devuelve es exactamente proporcional a eso: correcto, ordenado, y sirve para cualquiera. Que es una forma diferente de decir que no sirve para ti.
No es que la herramienta no entienda. Es que le pediste algo que otras diez mil personas también pidieron esa mañana, con las mismas palabras, y te dio el promedio de todas.
Lo que no dijiste porque lo tenías clarísimo
Cuando le encargas algo a una persona de tu equipo, no le dices solo qué quieres. Le dices —sin darte cuenta— quién es el cliente, qué pasó la semana pasada, qué tono usar porque todavía queremos venderle, y que lo quieres en un correo corto y no en un documento.
Nada de eso lo escribes. Lo sabe porque estuvo ahí, porque conoce el contexto.
La IA no estuvo ahí. Y lo que no le digas, lo inventa: elige un tono, se imagina un contexto, decide un formato. Cuando el resultado no te gusta, lo que no te gustó fueron las decisiones que tomó en tu lugar porque tú no las tomaste.
P.A.S.O. es un orden para que TÚ tomes esas decisiones. Cuatro partes: Perfil, Antecedentes, Solicitud y Output.
Perfil: quién quieres que sea
Lo primero es decidir desde dónde te va a contestar, desde qué perspectiva.
No es un adorno ni un juego de rol. Un abogado, un cobrador y un vendedor escriben el mismo correo de cobranza de tres maneras distintas, y las tres son correctas — pero solo una te sirve según lo que quieras que pase después.
«Eres el encargado de cobranza de una empresa pequeña. Llevas años tratando con estos clientes y te interesa cobrar sin quemar la relación.»
Con eso ya descartaste el correo legaloide y el correo suplicante. Dos decisiones tomadas en una línea.
Antecedentes: lo que la otra persona ya sabría
Aquí va el contexto. Y aquí es donde la mayoría se pasa de un extremo al otro: o no pone nada, o pega el historial completo de tres años.
El filtro es simple: lo que le dirías a alguien nuevo que entra a ayudarte con esta tarea. No más.
«El cliente es una constructora, lleva dos años con nosotros y siempre paga, pero tarde. Debe dos facturas de agosto. Ya le escribí una vez hace tres semanas y no contestó. En septiembre queremos renovarle el contrato.»
Fíjate en el último dato. Sin él, cualquier IA razonable sube el tono en el segundo correo, porque es lo que haría cualquiera. Ese dato es el que cambia la respuesta, y es justo el que nunca se escribe.
Solicitud: qué quieres, y qué no
Esta parte casi todos la tienen — es la línea con la que empezaron. Lo que le falta son las restricciones.
Una solicitud sin límites es una invitación a que te devuelva algo de mil palabras cuando querías cinco renglones.
«Escribe el segundo correo. Necesito algo breve. Que pida una fecha concreta de pago, no "a la brevedad". No amenaces con suspender el servicio. No menciones la renovación.»
Los no valen tanto como los sí. Y suelen ser más fáciles de escribir, porque salen de acordarte de lo que te molestó del intento anterior.
Output: en qué forma lo quieres
La última es la más corta y la que más tiempo ahorra, porque es la que evita el retrabajo de reformatear a mano.
«Dame tres versiones: una más seca, una neutra y una más cordial. Solo el cuerpo del correo, sin asunto y sin firma.»
Pedir varias opciones en vez de una es probablemente el cambio más barato de esta lista. Elegir entre tres es rapidísimo. Corregir una es lento.
Lo que cambia de verdad
Puesto junto, el prompt pasa de una línea a un párrafo. Y el argumento en contra aparece solo: tardo más escribiendo eso que haciendo el correo.
La primera vez, sí. Las siguientes veinte, no — porque un prompt con estructura se reusa. Le cambias las dos líneas de antecedentes y el resto se queda igual. Eso es lo que lo convierte en algo parecido a un procedimiento en lugar de una ocurrencia distinta cada vez.
Y ahí es donde esto se conecta con lo demás: la tarea que vale la pena armar así es una que se repite. Si la haces una vez al año, escribe el correo y ya. El prompt bien hecho es una inversión, y las inversiones se justifican con frecuencia.
Dónde falla esto
Tres límites, porque conviene saberlos antes de que te topes con ellos.
No arregla lo que tú no tienes claro. Si no puedes explicarle la tarea a una persona en voz alta, el formato no te va a rescatar. Un P.A.S.O. bien puesto sobre una idea confusa devuelve confusión bien redactada, que además es más difícil de detectar.
Más largo no es mejor. Los antecedentes son el lugar donde la gente empieza a pegar documentos completos «por si acaso». Entre más ruido metas, más se diluye lo que sí importaba. Si agregas contexto y el resultado empeora, quítalo.
Mejor escrito no es más cierto. Y cuidado, porque esta es la que podría ser la más costosa. Un prompt estructurado devuelve textos más seguros de sí mismos, y esa seguridad no tiene nada que ver con que los datos, las cifras o las fechas estén bien. Lo que vaya a un cliente lo sigues revisando tú.
Por dónde empezar hoy
No rehagas todos tus prompts. Toma uno: el de la tarea que más veces hiciste esta semana.
Escríbelo otra vez con las cuatro partes. Corre los dos, el viejo y el nuevo, con el mismo encargo real — y compara cuánto tuviste que corregir a mano en cada caso o cuántas veces intentaste para lograr el resultado que buscabas.
Ese es el número. No «está increíble la IA»: cuántos minutos de corrección te ahorraste. Si son cero, el prompt no era el problema.